8 COMENTARIOS

  1. Si te fijas bien, muchos de los arquitectos que reinan en los concursos son profesores de la escuela. Talento? Casualidad? … O mano de obra gratuita? Competir con eso es imposible para los que intentamos pagar dignamente a nuestros colaboradores. Para ellos puede ser rentable y además pueden sacar pecho: “en los concursos podemos sacar nuestro ‘arte’ sin plegarnos a los caprichos del cliente (que son todos unos catetos)”. Este es el modelo de profesional que marca la formación y las aspiraciones de la mayoría de arquitectos… así nos va.

    Pablo

    1. Hola, Pablo.

      Efectivamente, el afán concursero se nos inocula en la Escuela precisamente por los mismos que reinan en los concursos, y con un enfoque de la profesión muy parcial.

      Y sí. Esas fábricas de producir propuestas para concursos a veces se nutren de chavales que han asimilado el ideal y disfrutan colaborando con ello, incluso sin cobrar. Un modelo desleal y nada sostenible para la profesión.

      Uno más de los problemas que tenemos arraigados.

      Gracias por pasarte por aquí y por comentar.

      ¡Un saludo!

      Joan Vergara

  2. Los arquitectos somos demasiado románticos, e ingenuos. En los concursos nos hacen competir a varios, para obtener un mejor producto y sólo le pagan a unos pocos, contradiciendo los principios básicos corporativos del gremio. Todos trabajan, entregan la idea de proyecto (la concepción intelectual o idea genial), que es lo que más vale, y se le paga tan sólo a uno.

    Además, en general y para colmo, se suelen usar los concursos para bajar los honorarios profesionales mínimos del ganador.

    Los concursos, garantizan de alguna manera una mayor innovación y calidad de diseño que la contratación directa a un sólo profesional o grupo de profesionales; por lo que debiera ser lógico que se pague un poco más por ese mayor valor, y no menos…

    Si, debo reconocer que suele ser beneficioso para darse a conocer y/o adquirir renombre profesional a los jóvenes profesionales que se inician en la carrera, los que si bien les cuesta más económicamente la participación, disponen de mayor tiempo para trabajar a riesgo.

    También existe una cierta imposición propia del mercado, por la cual se genera una cierta obligación de participar en concursos, por parte de algunos estudios profesionales renombrados, para no quedar fuera de la vidriera o candelero, realimentando la necesidad de concursar.

    Por último, muchas veces se obtiene como producto una “arquitectura concursera” que gana por la espectacularidad formal y una supuesta innovación, que no siempre responde a las necesidades funcionales requeridas…

    Federico Gamenara

    1. Hola, Federico.

      Son varios los temas que planteas, y en general en España ocurre así.

      Muchos profesionales de la arquitectura dilapidan muchísimo tiempo, dinero y energía en concursos con nulo retorno. Además, todas esas son ideas que se van a la basura. Es un desperdicio de talento.

      Es un tema complejo. Creo que el concurso como vía de acceso a encargos es posible, pero también que debe hacerse mejorando las condiciones de participación.

      Ideas hay muchas.

      Gracias por comentar.

      ¡Un saludo!

      Joan Vergara

  3. Es un problema esto de los concursos… Aquí en Colombia tenemos la misma situación, conozco unos colegas que han participado en más de 30 concursos en los últimos 8 años, y de esos han ganado sólo 1, con todo y buenas propuestas… Saludos Joan, siempre te leo amigo!

    Daniel

    1. Hola, Daniel.

      Muchas gracias por seguirme. 🙂

      Imagínate la cantidad de dinero, tiempo y energías que habrán utilizado en esos 30 concursos… Es excesivo, no es un modelo de negocio que se pueda sostener.

      Gracias por comentar.

      Un saludo.

      Joan Vergara

  4. Buen Día.

    Sinceramente no había dado mucha cabeza lo que puede implicar estar en un concurso.

    Yampier

    1. Hola, Yampier.

      Pues aquí lo tienes, es muy gravoso. Y además este caso es bastante benévolo, puesto que la estructura del estudio tiene muy pocos gastos y hay otros que ni he considerado. Podría ser mucho peor.

      Gracias por comentar. 🙂

      Un saludo.

      Joan Vergara

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