5 COMENTARIOS

  1. Hola Joan, hola Igma.

    Yo también me he dejado caer por aquí después de cambiar impresiones con Eva.
    Os agradezco vuestros comentarios y vuestras reflexiones, que abren puertas a futuro, a otros modos y maneras de hacer para los arquitectos.

    Me parecen de interés las iniciativas de formación y de organización de espacios de debate online -jornadas, congresos, foros…

    No comparto, sin embargo, la bondad de la intermediación y organización de concursos privados entre arquitectos. Esta es una cuestión que hemos discutido en numerosas ocasiones en el Estudio, y que me parece absolutamente fuera de la praxis deontológica, a mi entender por una interpretación sesgada de la contratación mediante concursos que sí es potestativa en administraciones públicas -por lo menos aquí en España.

    El tema de los concursos es delicado, y hay mucho legislado y escrito sobre ello. Más allá de lo que establece la legislación en materia de contratación pública de servicios profesionales, hay entidades -el COA de Madrid, por ejemplo- que asesoran a administraciones y particulares sobre fórmulas para organizar licitaciones serias y justas para todos los implicados. Por ejemplo, concursos por invitación, remunerados para los participantes -hay numerosas variantes.

    Pero contratar un particular a profesionales mediante un proceso de concurrencia ‘gratis et amore’ me parece el colmo. Es una forma de devaluar el trabajo profesional a favor del convocante, que no asume ningún riesgo y obtiene el trabajo gratuito de una serie de profesionales que se prestan a ello preparando anteproyectos e ideas -con frecuencia estudiantes o jóvenes arquitectos sin una visión holística de la profesión y de lo que significa prestar servicios profesionales.

    Y esto, siento no compartir la visión de Igma, no es ético. Si busco un abogado, me estudio el mercado, busco recomendaciones, me entero de qué hacen y lo que cobran. Pero no les digo “estudiadme este caso, que me quedaré con el planteamiento que más me guste, y al ganador le encargaré la defensa del pleito”. Si busco un médico haré lo mismo y me informaré sobre el que mejor se adecúa a mis necesidades, no convoco a cinco para que estudien mi problema gratuitamente a ver qué solución me convence más para ponerme en sus manos. En todo caso, haré cinco visitas remuneradas para tomar mi decisión. Entonces, por qué sí que admitimos que esto se haga con el trabajo y el talento de los arquitectos?

    Lamentablemente la profesión se ha desprestigiado en los últimos veinticinco años de forma exponencial. Yo he vivido este proceso y he visto hacer las cosas de otra manera, y no resulta fácil comunicar a las jóvenes generaciones que prestándonos a fórmulas de este tipo estamos devaluando nuestros títulos, en detrimento también de los que vienen detrás.

    Desde los Colegios de Arquitectos estamos luchando para difundir el valor del Código Deontológico profesional, para hacer valer la dignidad de nuestro trabajo ante administraciones y particulares. No es una tarea fácil, pero hay que afrontarla. Si no nos defendemos a nosotros mismos, quién lo hará?

    Siento disentir de forma tan contundente con el planteamiento que se hace de este aspecto concreto en la entrevista. Es obviamente mi visión personal, aunque estoy seguro de que otros arquitectos con experiencia y visión de conjunto estarán de acuerdo conmigo.

    Y ya está, que me he enrrollado como una persiana. Disculpadme, pero es que este es un tema sensible, y me parece oportuno propiciar un debate que entre al fondo de la cuestión.

    Abrazos arquitectónicos.

    Luis Llopis

    1. Hola Luis, que bueno poder escribirnos, aunque ya sabíamos el uno del otro.
      Mas allá de los concursos, subyace en los que planteas una forma de entender nuestro trabajo como arquitectos, que me parece interesante de discutir.

      Yo me alejo un poco de esa idea gremialista o institucional de sostener nuestro trabajo socialmente. Creo nos juega en contra y tal como el ejemplo de los abogados, nos pone como personajes a los cuales la sociedad está obligada acudir por ley.

      Y esa es una de las grandes razones porque la gente no nos quiere, porque el estado les está obligando a que nos quieran, a que nos contraten. Y ahí vale la pena preguntarse ¿Por qué? Si, viéndolo de manera profunda y práctica, somos personajes totalmente prescindibles para la sociedad.

      Fíjate que si desaparecemos no pasa nada y creer lo contrato es de una vanidad e ingenuidad tremenda… Has podido leer el artículo de José Ramón Hernández a propósito de la pregunta de Stepien&Barno sobre ¿Para qué sirve un arquitecto? Vale la pena observarlo. (https://bit.ly/2OXxRrJ)

      Es irónica y lúcida en cuando te pone ente el espejo y te baja de ese idea del arquitecto salvador de la sociedad, que por lo demás es una idea que los mismo arquitecto alimenten entre ellos mismo. Luis, nadie más piensa eso, te lo juro, créeme!

      Tiendo a pensar que tu planteamiento (que seguro muchos colegas comparten) es muy propio de España donde venían disfrutando de una protección social y económica de trabajo que se les ha derrumbado y los ha dejado totalmente descolocados.

      Y si bien hay un planteamiento ético en lo que a los concurso se refiere hay también un trasfondo económico. Es decir esa idea de que al arquitecto hay que pagarle por existir, por respirar, por poner una línea en un papel. En nombre de ese talento creativo a priori que tienen los arquitecto que por lo demás la mayoría de nosotros no tenemos.

      Mira… yo vengo de Latinoamérica, un contexto completamente diferente, donde los arquitectos como cualquier otro ser (bombero, profesor o albañil) nos apañamos con lo que hay, trabajamos con poco y a fuerza de creatividad. Sabemos que nuestro clientes muchas veces no tienen recursos y que los estados son corruptos e inoperantes.

      Somos como los agricultores, primero se siembra luego se cosecha. Y se siembra con lo que se tiene a mano sabiendo que el clima es impredecible y muchas veces sin dinero por medio. Somos muy conscientes de que la cosecha puede fallar, porque así es la vida finalmente…

      Lo que plateas de los concursos es respetable y vale la pena disuctirlo. Pero discrepo con ese llamamiento a agruparnos para seguir insistiendo en esa idea terrible de imponer nuestro trabajo a la sociedad través de leyes que obliguen a las personas a que nos contraten.
      Y cuidado, que esto no es para nada una liberación o des-regularización de nuestro trabajo, no voy pro ahí.

      Creo en formas más socialmente más amables de relacionarse con la gente. Tu primero muestra tus conocimientos y talento (que no es inherente a nuestro título de arquitectos) y ahí las personas verán si deciden acércate a ti o no.

      Y ese mostrar nuestro talento no tiene porque se remunerado a priori, ¿Porque debería serlo? Y ya que nos gusta tanto el arte a los arquitectos deberíamos saber que primero se crea la obra y después vemos que pasa. Y una vez que te has ganado el respeto y reconocimiento de la gente ahí seguro te pagaran antes de hacer algo, incluso por una fotografía.

      Esto, al igual que tu opinión, es algo muy personal. Es como yo lo entiendo y lo practico. Me llevó 2 años de trabajo, sin recibir remuneración económica de por medio, validar este trabajo que me he inventado. Hubiese sido inviable salir a pedirle a al gente que me pagara por mi idea, por lo quería hacer o por mi talento intrínseco para no se qué… No tiene sentido, así no funciona el mundo creativo.

      Y me atrevo decir mi querido Luis que es la manera de como vamos a tener que movernos es los próximos años.

      La arquitectura (y los arquitectos) serán respetados y queridos por la gente en al mediada que nos acerquemos ellos con un leguaje y formas nuevas y no a través de imposiciones legales o discursos intelectuales sobre la arquitectura.

      Te agradezco que hayas compartido tu punto de vista (se que muchos colegas lo comparten) el cuál me parece importante de conocer juntos a otros puntos de vista.

      Espero conocerte un día poder charlar personalmente más a fondo sobre este y otros temas.
      Igma.

      igma pacheco

    2. Hola a ambos, y gracias por plantear este debate. 🙂

      Más allá de si es a través de concursos, concuerdo con Igma en que nos toca y nos va a tocar en el futuro competir fuertemente por conseguir trabajo.

      No sólo entre nosotros. Lo más terrible es que tenemos que hacerlo contra el deterioro de nuestra reputación o peor, contra el desconocimiento de la sociedad acerca del valor que le podemos aportar.

      Seguramente eso será así a partir de ya.

      En cuanto a la conveniencia o no del concurso como mecanismo para conseguir esos encargos, creo que depende en gran medida de cómo se lleve a cabo.

      Las propias Administraciones Públicas nos dan ejemplos muy malos en este sentido, exigiendo una cantidad de trabajo exagerada para concurrir, requisitos documentales enormes, etc.

      Lo que en principio se hacía para cumplir una Ley que garantizara la concurrencia y la calidad de soluciones para gastar dinero público ha derivado en procesos que muchas veces no tienen sentido.

      Sin embargo, pienso que es posible plantear maneras de competir, incluso concursos, en las que el riesgo asumido por el arquitecto no sea exagerado. Reduciendo los requisitos documentales, por ejemplo. Hay una escala de grises en la que nos podemos mover.

      Como bien dice Luis, es un tema delicado y que no tiene fácil solución. Hay un interesante documento de Jesús Rojo Carrero sobre el tema, https://revistascientificas.us.es/index.php/ppa/article/view/109/120, y muchas reflexiones pendientes.

      En cualquier caso, creo que la verdadera batalla está en recuperar (si es que realmente lo hemos tenido alguna vez) el aprecio de la sociedad por lo que hacemos y la conciencia de las personas sobre el valor que aportamos.

      Si conseguimos eso, no serán necesarios concursos. Competiremos en un ambiente mucho más sano.

      Un abrazo a ambos. 🙂

      Joan Vergara

  2. Hola Igma y Joan,

    Esta es una de esas entrevistas que tarde o temprano tenían que publicarse en la red.
    Gracias a los dos por compartir esta perspectiva desde la que tantas posibilidades se abren para la profesión de [email protected] y su función social.

    ¡No me pierdo ese Congreso por nada del mundo!
    Abrazos,
    E.

    Eva Chacón

    1. ¡Hola, Eva!

      Qué alegría verte por aquí. 🙂

      Pues sí, creo que es importante conocer otras maneras de ejercer la profesión, e Igma es un buen ejemplo.

      El Congreso tiene muy buena pinta porque va a ir gente muy valiosa. Seguro que lo disfrutarás.

      Gracias por pasarte. 🙂

      ¡Un abrazo!

      Joan Vergara

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